martes, 28 de febrero de 2017

LA DESPOSESION DEL ESPACIO VITAL

El hecho de crecer puede ser visto como un proceso paulatino de apropiación del espacio a través de la experiencia y del conocimiento. El aumento de las capacidades motoras va marcando el desarrollo y autonomía de las personas. Partiendo de la no movilidad de un bebé en su cuna, gatear le permite empezar a explorar su entorno inmediato y, según va mejorando sus habilidades motoras, va adentrándose en un mundo exterior lleno de estímulos. A muy temprana edad, niños y niñas tienen capacidad para controlar su barrio y conforme aumenta su desarrollo sensorial, pueden ir paulatinamente explorando espacios más alejados de la ciudad. Los jóvenes buscarán experiencias cada vez más ajenas al control social de su entorno conocido y la apropiación de un espacio propio, la constitución de un hogar, representará la culminación de un proceso de maduración y crecimiento; representará la entrada en el mundo adulto.
Esta entrada progresiva en la ciudad, vinculada a las capacidades motoras y sensoriales, se ha visto truncada. Los niños y las niñas tienen muchas más capacidades de movilidad de las que ahora les permitimos los adultos utilizar en las ciudades occidentales. 
El conocimiento y apropiación del espacio nos proporciona puntos de referencia y sentido de pertenencia.
El proceso de reconocimiento paulatino del espacio, de lo más próximo a lo más alejado, se ha alterado y ya los niños no tienen la posibilidad de ir adentrándose por sus propios medios en el entorno que les rodea, pateándolo a su ritmo, parándose a observar como a ellos les gusta, aprovechando los recovecos insospechados para el juego o la imaginación, es decir, conociéndolo y haciéndolo suyo. 
Su radio de acción conocido y apropiado se restringe al espacio doméstico y en el espacio público están siempre acompañados, guiados de la mano de los mayores, que rara vez les permiten pararse a observar con el detenimiento que ellos precisan. Además de privarles de esa fuente de conocimiento, los menores se “irresponsabilizan” de sus trayectos debido a que no necesitan prestar atención y no desarrollan capacidades básicas como la observación y la orientación. 
Muchas veces subidos en la parte trasera de un coche y apurados por las prisas, no pueden elaborar ese mapa mental que les hace dar sentido a su entorno y que pone en relación un lugar con otro. La pérdida de capacidades espaciales está vinculado a la pérdida de autoestima y de seguridad; el mismo lenguaje nos recuerda que, cuando alguien siente malestar, evoca la experiencia de “estar perdido”, “estar desubicado” o estar “fuera de lugar”. 
Otro aspecto esencial que se ve mitigado por esta privación espacial es el sentido de pertenencia, de hacer propio un lugar y trabar lazos emocionales con el entorno. De nuevo, si el espacio es sólo una calzada o una acera que se recorre con prisas y no se da a los niños la oportunidad de explorarlo y de darle un sentido a través de la experiencia y del juego, que es su forma de conocimiento, se pierde esa capacidad de crear vínculos. La conciencia cívica, o su ausencia, tiene mucho que ver con esta experiencia temprana de lo colectivo.
* ¡Hagan sitio, por favor! La reintroducción de la infancia en la ciudad

jueves, 23 de febrero de 2017

¡HAGAN SITIO, POR FAVOR!



¿Recordáis la vieja fábula del pueblo de Hamelín?... aquella historia del flautista misterioso que libraba a una aldea de una terrible plaga de ratones y más tarde, enfadado con los aldeanos por el mísero pago de sus servicios, se vengó dejando el pueblo vacío de niños y niñas, que le siguieron al bosque embrujados con la dulce música de su flauta.
A partir de este cuento podemos hacer un pequeño juego de reflexión, modernizando a los personajes y situándolos en un contexto urbano. Así, también en nuestro cuento moderno hay una plaga que invade las calles, sólo que no es de roedores sino de máquinas peligrosas, ruidosas y contaminantes. Y la impresión es de que llegaron con intención de quedarse indefinidamente porque, en este caso y a diferencia de la fábula, la población no se alarma ni se moviliza para buscar una solución; la mayoría ha aceptado la situación sin rechistar, incluso tan contenta. 
Y eso que, en este nuevo cuento, las niñas y los niños también han desaparecido. ¿Dónde están? Aquí no hay flautista ni bosque; son los propios papás y mamás quienes han retirado a los pequeños de las calles para mantenerlos a resguardo en las casas y otros lugares protegidos: las escuelas, los parques infantiles, las actividades extraescolares. Las calles de la ciudad pierden a su infancia y, en ese proceso callado e insidioso, han ido perdiendo seguridad, capacidad de acogida, amabilidad, alegría, vida. 
Si el cuento acabara aquí, sería un triste final, pero afortunadamente algo se mueve. Pueden contarse otras historias: las pequeñas rebeliones de personas y grupos, aún minoría, que ayudan a la ciudadanía a mirar con ojos nuevos –y críticos- lo que la costumbre o la resignación ha convertido en aceptable. Nuevas corrientes e ideas que, como una saludable ventolera, sacuden los cimientos -ideológicos, políticos y técnicos- que han permitido construir esas urbes inseguras, antipáticas y vacías de infancia.
Nuevas posibilidades, otros mundos que, si queremos, pueden estar en el nuestro; un viaje al futuro que nos permite vislumbrar ciudades seguras y alegres donde, otra vez, niños y niñas juegan en las calles.
La Educación Vial se hace imprescindible para guiar en este viaje hacia, ojalá, un futuro mas cercano. 
*Basado en un Texto, María Sintes

martes, 21 de febrero de 2017

LAS METAS DEL CAMINO ESCOLAR SEGURO

En algunas entradas de este blog hemos hablado de los Caminos Escolares Seguros hoy de forma muy breve os exponemos las metas que que se pueden alcanzar al implantar esta forma de ir al colegio.

Seguros: Crear una red de itinerarios seguros y cambiar hábitos de desplazamiento caminando, o en bicicleta o en transporte público.
Sostenibles: Reducir el número de vehículos a motor que trasladan a los niños al colegio, aminorando el exceso de emisiones contaminantes y el ruido, actuando en favor de la mejora del medio ambiente, la recuperación del espacio público y la seguridad vial infantil.
Saludables: Promover la movilidad activa, el caminar y pedalear, favoreciendo el desarrollo de una actividad física cotidiana y hábitos de vida saludable, con menos obesidad y mejor salud.
Solos: Fomentar el que los niños recuperen la calle y vayan solos o en compañía de sus amigos al colegio. De este modo se favorecerá la autoestima, la socialización y el proceso de aprendizaje por medio de la interacción y la cooperación.

jueves, 16 de febrero de 2017

ACTITUDES, CONCEPTOS Y PAUTAS

El trabajo en la Educación Vial supone abordar tres aspectos: las actitudes, los conceptos y las pautas de comportamiento, de ahí que en las edades inferiores trabajemos sobre todo las actitudes y en las edades superiores los conceptos, que además influyen directamente sobre las pautas de comportamiento. 

Mediante la Educación Vial pretendemos crear hábitos y actitudes positivas para la mejora de la convivencia, en calidad de vida, la calidad medioambiental y la Seguridad Vial del ciudadano en tanto que el usuario de las vías públicas, ya sea en su condición de peatón, como en la de conductor o viajero. 
Por ello integramos la Educación Vial dentro de la Educación en valores a través dos vertientes: 
  • Educación para la Seguridad Vial 

  • Educación para vivir en Sociedad 

Así, entendemos la Educación Vial además de cómo un aprendizaje de normas y señales de circulación, como un aprendizaje de hábitos de comportamiento que modifiquen las actitudes frente al fenómeno del tráfico, permitiendo así unas relaciones de convivencia acordes a la sociedad en la que vivimos.
Objetivos generales: 
  • Conocimientos normas básicas de circulación

  • Creación actitudes respeto y responsabilidad ciudadana

  • Formación de un criterio moral autónomo, orientado a comprender y asumir el valor de la norma, como garantía de seguridad 
Objetivos específicos: 
  • Desarrollar en los chicos el sentido de responsabilidad ante la conducción en general y la bicicleta en particular.

  • Crear conciencia de los peligros que supone ser conductor

  • Conocer las normas y señales